No es de extrañar que el caso de Il Cavalieri transcienda fronteras. De hecho, el Imperio Romano no sólo nos enseñó la lengua, sino también a utilizarla. Y de tal manera, que no importó sacrificar miembros de su familia para obtener el Imperio. Aquí, en España, tenemos el fiel reflejo en el caso Gürkel. Una trama de política sucia que arrastra tras de sí a banqueros. Y entre banqueros, políticos y empresarios anda el juego. Mientras el ciudadano de a pie se rasca el bolsillo para ver si llega a final de mes. Ahora tenemos que se abre parcialmente el secreto de sumario en la trama de Francisco Correa. Como bien apunta nuestro director, Arsenio Escobar ("20 Minutos", en su edición de 8 de octubre de 2009), la caída del presidente del PP sólo beneficia a Esperanza Aguirre. Lo extraño es, a nuestro entender, que si no hay culpabilidad por parte de Mariano Rajoy, ¿por qué él insiste en que no pasa nada y desea, por todos los medios, quitar hierro al asunto sin asumir responsabilidades siquiera llamando a filas? Porque cansados estamos de oír su lamentable y quejica discurso saturado de victimismo, cuando ha arrastrado a la opinión pública a hacerles creer que la trama no era del PP, sino un acoso y derribo por parte del partido del Gobierno. ¿A eso le llaman hacer oposición? Constructiva, desde luego, no lo es. Además, siempre se ha ceñido a su argumento; incluso lanzando vociferadas culpabilidades a la justicia, que, en su opinión, se había aliado con el Gobierno. Pero sin asumir nunca nada. Y ahora incluso se contradice y se echa atrás. Pero sólo ahora que parte del secreto del sumario ha sido desvelado. ¿Por qué no lo hizo antes y depuró responsabilidades? ¿Este es el candidato que desea representarnos a nivel estatal? Pues muy mal lo tenemos.

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